Romero Agüero

No quedan bosques inexplorados.

por 13 de julio de 2012, 257 visitas
Trata de la fascinación por los bosques primarios y su descubrimiento.
La blanca niebla empapaba los árboles, abedules, robles, hayas,... las rocas cubiertas de musgo destilaban gotas en la mañana. Tras las rocas, las hojas verdes, de todos los verdes y la sombra misteriosa bajo las copas. Sólo la presencia del Sol podía penetrar tenuemente en aquellas espesuras, prometiendo a la tierra una fecundidad antigua. Donde los mapas terminaban, olía al principio de las cosas, a extensiones inabarcables de temibles florestas, tierras ignotas, desconocidos recovecos donde pastaban animales ya extintos. Pueblos jóvenes de una Europa primigenia que deambulan sin caminos y sin hoyar de civilización la tierra, el mundo parecía recién engendrado.


Hoy quedan leyendas y relatos en las pàginas de los libros, todo aquello murió en el pasado. Desde el sur, oleadas de hombres, siglo a siglo, subieron con elaborados panteones de dioses y normas, buscando el poder, con espadas, leyes y maquinas de domeñar al bosque inexplorado. No quedó madera sin marcar. A nuestro siglo le robaron la posibilidad del descubrimiento, porque todo se anduvo ya, todo fue medido, parcelado, vallado. Solamente queda la añoranza de la húmeda cueva donde nos guareceríamos de los aullidos, en las noches del viaje. Nos ataron con leyes, y no nos dejaron montañas que poner en los mapas. ¿Que historias se contaran sobre aquellos que lo encontraron todo arado?. ¿Que ríos recorreremos que no estén cargados de recuerdos?.  No caben más historias en la Historia, de un mundo viejo y decrépito.

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