Antuan Palacios

Una simple anécdota. Va de modas modernas.

por 06 de marzo de 2013, 825 visitas
Vengo en contar en este sitio que desde hace mucho tiempo me viene llamando la atención un hecho por todos y todas conocido, reconocido, asumido ya como natural y hasta esperado, consciente o inconscientemente, siempre. Me refiero a ese particular dominio, ese fenómeno que aparece como inexplicable en no pocas ocasiones, de la mano de no se sabe qué inteligencia superior, que consigue, en virtud de la conjugación de calculadas variables, que una gran mayoría de las personas potencialmente destinatarias de cada campaña, imiten o secunden determinadas aspiraciones, conductas, gustos o costumbres durante un periodo de tiempo. Se trata de la moda, o mejor dicho, de las modas.

No me resulta para nada interesante como objeto de análisis, ni viene al caso, aspectos fútiles del estilo de la pata del pantalón, que si de pitillo o de campana, ni la longitud de la falda, corta o más corta, que si el cuello vuelto o de caja o de pico, ni del volante, ni de los lisos o los estampados, ni sobre los colores que, alternativamente, ora los azules, ora los verdes, ora los ocres, copan las preferencias en cada temporada de forma tal como si no existieran en la paleta otras opciones. Sí que pudiera considerar susceptible de comentario las penúltimas tendencias en cuanto a vestuario que se refieren concretamente al desafortunado elemento bautizado como "pantalón cagado"' o la rutina aparentemente inocente pero también posiblemente en muchos casos más que premeditada de hacer asomar la ropa interior por encima del pantalón o la falda, haciéndole perder la escasa dosis de trascendencia y privacidad que todavía albergaba y que venía en otorgar a la braga o al calzoncillo la concreta especialidad de ropa íntima, que se supone así por no estar a la vista. Bueno, se suponía.

Tampoco me voy a referir a tatuajes ni a piercings, aficiones extendidísimas y de las que reconozco no me considero partidario. En ninguno de los dos casos. Sinceramente, no les veo espacio en mi lista de diseños con atractivo suficiente como para considerarlos estéticamente agradables. Vale, admito algunas puntuales excepciones, pocas. Es probable que lo que debiera hacer sea renovar esa lista, no lo pongo en duda, y ante todo presento mis respetos por aquellos que apuestan por seguir este tipo de prácticas, a los que tengo que recordar que el libro de los gustos está abierto. Repito, que está abierto, permanentemente, y que hay muchas cositas. Recuerdo, por si vale un ejemplo, que en una ocasión coincidimos, entre otros muchos clientes en un hotel de Almería, con una pareja, joven él y jóvena ella. Y ella, la muchachita, a todo lo largo y ancho de la espalda (digo esto porque, sobre todo debido a que era verano, algunos día se le veía prácticamente entera) llevaba tatuadas una enormes alas. Digo enormes alas. Perfectamente dibujadas, perfectamente coloreadas. Lo que son unas alas, vamos. En su sitio. !! Pasen y vean !! La novia alada. Pensando pensando, me vino la solución de por qué los veía siempre agarraditos de la mano. O del brazo, o del hombro, o de la cintura. A todas horas. Las alas, claro, es que si soltaba a la muchacha quién sabe si pudiera salir volando. Y ahora, a ver quién es el guapo (el guapo sin alas, claro), que la coge otra vez. A una novia así supongo que uno tiene más papeletas para llegar a perder e vista que a cualquiera de las demás.

Bueno, que no es de eso, de ropa, ni de ropa interior de lo que quería hablar, ni tampoco de piercings ni de tattoos, si de novias que vuelan, sino de modas. Repito que tampoco exactamente de moda, ni siquiera de la moda, sino de las modas. De alguna moda nada más, que si no, no acabamos nunca. Esta materia últimamente da mucho de sí y uno se pone, le coge el gusto y no acaba. Para mi modesto entender, justito entender si quieren, encuentro algunas causas que justifican el fenómeno del que hablamos. En este caso ni más ni menos que el origen podría encontrarse por un lado, en el consumismo desaforado en el que unos más y otros un poquito menos acabamos sucumbiendo. Por otra parte, también ayuda la facilidad del personal para dejarse convencer de las cosas (vamos a llamarlo así que parece como más suave que hablar de falta de algo que se parece a la personalidad) sin oponer demasiada resistencia con la razón y por último en esa rara tendencia que subyuga a tantos y tantas de aparentar ser distinto y único cuando se hace lo mismo que muuuuuchos. Vaya tendencia, que por muy real que sea, me parece de lo más tonta.

El caso, yendo al grano por fin, es que un día de estas últimas navidades, buscando un regalo que tenía y que debía hacer, época de hacer regalos y de recibirlos como ninguna otra, y cuya búsqueda me había supuesto más de diez días de mirar escaparates, preguntar precios, pedir catálogos, bichear en internet, etc.., entré en una tienda de electrodomésticos. Bueno, seamos serios, no se trata exactamente de una simple tienda al uso, no es un comercio normal y corriente de los de toda la vida. No tiene más remedio que ser el país de los electrodomésticos. Creo que igual podría pasar por ser incluso donde nacen, crecen y se desarrollan los electrodomésticos (hasta morirán algunos seguramente). Grandes, medianos y pequeños. Para la cocina, el baño, el salón, el dormitorio, el coche, el trabajo, el colegio, y para cuando tengamos que ir a la piscina o a la playa, o a coger espárragos o tagarninas. Para la niña, el padre, los abuelos, la vecina y el tío que casi nunca viene ya con la tía, que terminó viniendo sola y así se libra un rato de escucharlo quejarse.

Porque resulta que todo se vuelve al final electrodoméstico porque absolutamente todo es electro (si no es eléctrico es electrónico) y todo es doméstico o, en última instancia, domesticable si sabemos utilizar convenientemente el manual de instrucciones.

Y la verdad es que había gente, bastante gente. No como otras navidades pero sí por supuesto que mucho más que cualquier otro sábado, porque era sábado y por la tarde.

Subí a la primera planta seguro de encontrar algo parecido a lo que buscaba entre los artículos de informática. En la misma planta aproveché por si veía algo interesante en librería (ni que decir tiene que siempre hay algo interesante en librería) y en música (mejor, en instrumentos musicales). Una vez que que di con lo que quería dar y como no encontré a nadie a quien preguntar por las características de la cosa (bueno, quiero decir que no encontré a ningún dependiente visiblemente dispuesto a dar explicaciones, porque se nota, resulta evidente, cuando empieza esa actitud propia del remolón), me la llevé para pasar por caja como es debido. Cuando se compra, uno se supone que lleva, o debe llevar, en mente la consecuencia lógica e inherente con la contraprestación a la que uno se obliga a cambio del suministro o el servicio que a uno le prestan. Vamos, que lo que toca es pagar el precio correspondiente a lo que se lleva.  ? Claro ?.

Desde el primer escalón, iniciada la bajada de escalera (no era eléctrica sino de las otras), veo una enorme cola de personas por la zona de artículos para la cocina. Supuse que daban algo, claro. Si no lo daban, sospechaba que por lo menos tendría que ser algo muy muy bueno, muy muy bonito y muy muy barato. Porque estas eran las claves para el éxito en los tiempos de las antiguas compras ocasionales. Las gangas que se llaman todavía.

Pero no era eso. Desde arriba veo una enorme foto de George Clooney. Su cabeza y una reluciente cafetera destacaban sobre todo lo demás. A la misma altura, cabeza y cafetera. Y una taza de café con pinta de bueno por allí rondando, por el mismo escenario, con su humito, con su espumita.......todo muy sugerente.

Cuando llego hasta el área en que se situaba la cola, pregunto y resulta que era una cola para comprar una cafetera. Insisto, una cola para comprar una cafetera. No me lo podía creer. Desde cuando se ha visto en algún sitio, desde que tenemos uso de razón (la mayoría, creo que tenemos un poco de eso) a cincuenta y tantas personas en fila india esperando para comprar una dichosa cafetera express ¡¡. Y con cara de preocupados por si fueran a tener la malísima malísima pata de que se acabaran antes de llegarles su turno. Cincuenta privilegiados estaban cerca de obtener un peaso de cafetera de las que salen en la tele y que anuncia el susodicho mismísimo Clooney, de cuerpo presente. Cincuenta Clooney's y señoras esperando la vez. Qué suerte, de hoy seguro que no pasa que la llevemos a casita. Y la cafetera que parecía decir: "lleváme a caaassaa", como aquel nunca bien ponderado langostino de pescanova. Y el Clooney también. Pa casa. Y las cápsulas, niño, que no se nos olviden las cápsulas por Dios.

Pero esto qué es !!!!!!!!!!

Pero como va a estar el café de una cafetera en una casa como el de la cafetería, el de la cafetería o el bar de costumbre de uno?. Pero es que, ya puestos, no estará siquiera ni como el del anuncio. Pero, incluso todavía más, es que aunque estuviera así de bueno, es que aunque estuviera mismamente como el que se toma el tal sr. Clooney. Pero qué pasa entonces con ese cafelito en la barra, o en el velador, calentito, con tostada o con los churritos, o sin nada, y el periódico, y la gente, el servilletero, y el vapor de ese héroe en forma de lavavajillas siempre dispuesto, y los olores y los colores y los sonidos, o los ruidos y esa tele siempre de guardia, y la queja estridente del calentador de la leche, y uno que entra y otra que sale...... y la conversación...... o hasta  el silencio.

 
Ay el tiesto ¡¡  que nos estamos saliendo del tiesto, que lo veo. Poco a poco.

Que no se puede hacer tiempo en una cola para comprar una cafetera, por favor, que estamos locos o en camino de estarlo. Que la televisión hay que racionarla. Hay que ser más selectivo. Y hay que leer más. Hay que leer mucho más. Es lo que tiene. Es lo que hay.

Esto que cuento es solo una anécdota. Que no tengo nada en contra de las cafeteras, ni en contra de los que compran esas cafeteras, ni de aquellos a los que les encanta el café de sus cafeteras. Señor, qué cosa más rica. Échame un cafelito de esos. Faltaría más.....

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