Manuel Visglerio

primavera

por 21 de marzo de 2013, 532 visitas
Ayer llovió apenas una lágrima y la lluvia ha maquillado de lunares blancos los cristales de las balconeras. Hizo frío temprano y los geranios y las gitanillas de la baranda tienen las hojas mojadas de rocío. El sol, muy de mañana, duele en los ojos cuando se refleja y te mira desde los charcos o cuando se arrebata y reverbera sobre las paredes blancas de las casas. Al derramarse sobre los arriates les pone la cara amarilla a los jacintos, el rostro malva a los nardos y pinta de rojo bermellón los claveles que cuelgan de las macetas.

Las calles cobran vida. Ya no están solitarias las mañanas. Con el alba los hombres salieron al campo a llevar la sementera que dará la granazón en el verano. Ya no van encorvados por el peso del frio y del abrigo porque llevan la vida y el sostén de su gente entre las manos. Van a sembrar de esperanza los surcos de la tierra. Por los portales abiertos de las casas se oyen risas y cantos y se escapan por el aire los olores de los guisos. Las jovencitas ya no salen de las casas ocultándoles al frío los semblantes, sus miradas son claras como el firmamento limpio y azul de la marisma. Y si temprano, con la fresca, cubren sus cuerpos al relente, cuando llega la tarde el sol y la calor les roba la cobertura y aparecen frescas y ligeras en el paseo, como las mariposas, mientras los muchachos las siguen y las persiguen. Unos con elegancia y galantería y otros enardecidos como animales llevados por la querencia.

En el paseo, hace ya algunos días, reventaron en blanco los naranjos, y uno tras otro, imitando a los cielos, han llovido azahar sobre la acera. El efluvio sutil y delicado de su aroma hace grato caminar bajo sus ramas. Las tardes son hermosas y el paisaje es agradable y multicolor. Marismas está feliz. Es primavera.


Manuel  Visglerio Romero - Marzo 2.012

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