Francisco Amador

Manuel Herrera, el flamenco en equipo

por 29 de abril de 2013, 602 visitas
Artículo sobre el homenaje que recibió el 28 de abril de 2013 Manuel Herrera Rodas en la Tertulia Flamenca El Pozo de las Penas. La Junta Directiva lo nombra Socio de Honor 2013, máxima distinción que otorga la peña.
El Pozo de la Penas homenajea a Manuel Herrera Rodas con el nombramiento de Socio de Honor por su aportación incuantificable a la tertulia y al mundo del flamenco. Segundo Falcón y Manuel Franco, entregados, remataron la faena con un selecto recital de talento

Manuel Herrera Rodas es una de esas personas que ha derrochado su intelecto, tocado además con la varita mágica que otorga la humildad, en edificar proyectos titánicos, sin el ánimo lucrativo que el sistema marca como paradigma vital. El flamenco tiene la suerte de que su pasión haya ido por lo jondo y hoy tiene una deuda pendiente con él, aunque conociéndolo y escuchando las palabras que hoy ha pronunciado tras recibir la placa que le otorgaba su peña, dudo mucho que quiera cobrársela. No ha podido ser con otros métodos, sino con el sacrificio diario y la habilidad de “hacer trabajar a todo el mundo”, como atestigua su compadre Bodi, “que lo ha hecho trabajar hasta a él”, con el que ha conseguido en su vida transformar ideas surrealistas en realidades inimaginables. Paco Cabrera fue “el líder espiritual” y Herrera su discípulo más aventajado, una extensión de su alma en la tierra y en el flamenco, que ha cultivado, sin pretensiones personales, una trayectoria con mayúsculas.

Incómodo por la situación explicaba que se veía venir lo que sus compañeros de la Junta Directiva estaban gestando. Fue imposible ocultarlo y Manuel Herrera supo del homenaje con antelación, a pesar de que este reconocimiento se anuncia in situ y por sorpresa. “No es fácil”, afirmaba Herrera, “porque si se acepta la mención de Socio de Honor se puede pecar de vanidoso y si la rechazo puedo parecer desagradecido, así que opte por callarme y no comenté nada ni con mi familia”.

La Tertulia Flamenca El Pozo de las Penas es hoy lo que es gracias, asegura con firmeza su amigo José Luis Castillo, “a la cabezonería (llamémosle constancia)” que Manuel Herrera tiene por costumbre. Su persistencia hizo que la peña tuviera sede por primera vez en la calle Real, lo que fue derivando hasta la actual ubicación con una casa en propiedad, donde ha tenido lugar el máximo tributo que sus consocios han podido rendirle. Pero su constancia ha servido también para que jóvenes cantaores grabaran su primer disco, para que artistas jubilados tuvieran una ayudita con la que ir tirando, para que la Bienal de Flamenco de Sevilla cobrara su mayor esplendor, para que las peñas de Andalucía tengan en sus tablaos artistas de caché a través de El Monte (ahora Cajasol), para que los Jueves Flamencos den oportunidades… Y todavía le quedaba tiempo para dirigir un Colegio, al que algún día llegará el flamenco a sus aulas, porque Manuel Herrera se empeñó en que los niños andaluces tenía que conocer sus raíces, porque el flamenco no es menos que la música clásica o el rock y porque es la expresión musical de Andalucía.

Después de todo, a Manuel Herrera le sobra modestia  para repartir la gloria de su éxito. Es un hombre de equipo que ha sabido rodearse de bueno gregarios. Lo manifestaba ya con la placa en la mano, “nunca he trabajado de forma individual, siempre he contado con un buen equipo, hemos trabajado juntos y esa es la clave”. Aunque parece una frase hecha, muy socorrida para estos casos, en boca de Manuel Herrera se carga de sinceridad. Juan Vela y Antonio Sivianes, del que dijo ser “el más humilde de todos”, formaron parte de ese compacto grupo de amigos que levantó una peña de la nada, la dotó de infraestructura y de lo más difícil, de prestigio. Pero afortunadamente a este proyecto no se le ve el final,  porque al ritmo que marca Manuel Herrera, su equipo: José Luis Castillo, Teodoro Garrote, Juan García Bodi, José María Mauriño, María del Carmen Amador, Fátima Gavira, Antonio Moguer, Juan Carmona, Manuel Maestre, Enrique Duque, José Triguero, David Silvestre…, continúa arrimando el hombro con el mismo ahínco que se marcó en la calle Aurora.

Su último proyecto, y quizás el más apasionante por su trayectoria docente, es llevar el flamenco a los colegios públicos andaluces. Y como no podía ser de otra forma, Herrera ni está sólo ni ha elegido mal a sus colegas. El cantaor Calixto Sánchez y el docente Antonio Cremades se aventuraron con él y lo van a conseguir a poco que “las administraciones y la banca (Cajasol)” den el empujón necesario a este torrente de talento y creatividad. Para Antonio Cremades, que se encontraba entre los presentes en su homenaje, tuvo palabras especiales, porque representa a la perfección el espíritu de Manuel Herrera. Nunca se deja a nadie en el camino, no importa la diferencia de edad y a veces ni siquiera la visión del mundo, si puede aportar algo a su proyecto ahí está. Cremades fue alumno suyo, como muchos de los asistentes, y ahora trabajar en los libros que los estudiantes tendrán en sus pupitres para saber, entre otras cosas, que el polo es algo más un trozo de nieve con sabor a limón y el hábitat natural de los osos blancos.

Con alegrías comenzó el final. Segundo Falcón y Manuel Franco se vaciaron en un recital lleno de matices, de talento y sabiduría. Repasaron la amplia geografía del cante durante más de hora y media. Pasaron de las soleares de Triana a los cantes de levante, a la malagueña y la cantiña, al polo y la caña, para seguir con una tanda de bulerías y rematar con un abanico de fandangos que dedicó a la familia de Manuel Herrera.  El cante de Segundo Falcón fue medido y acompasado, adoptando con la guitarra una sincronía perfecta. Por momentos las manos de Manuel Franco parecían tener más articulaciones de las normales en un ser humano. Fue un duelo de garganta y falanges del que salió victorioso irremediablemente el público.

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