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Más pulgas

por 19 de junio de 2013, 519 visitas
ESTADOS CARENCIALES

Pequeñas reacciones cotidianas que nos definen


Nuestro gato dueño (para poneros en antecedentes podéis ver la primera entrada "Pulgas" en mi blog: http://arktos-themis.blogspot.com.es/2012/10/pulgas.html), volvió a presentarse en la puerta de casa, solo asomarme ya oí su llamada, la otra noche. Pero esta vez fue diferente, por primera vez no venía solo. Un precioso gato, yo decidí que gata, color canela, con cara de leona, pelaje lustroso y poco aspecto de callejear mucho, le acompañaba.

Pulgas se acerco más confiado, la costumbre, e inició su habitual exhibición de estiramientos, hinchamientos y frotamientos, mientras su compañera permanecía agazapada en semipenumbra un par de coches más allá.

No le hice esperar mucho y entre a buscar su comida, la que ya le compramos cada vez que vamos al hipermercado. Al dejársela preparada, el permaneció indiferente, hace ya semanas que demuestra esta conducta: mira la comida, todo lo más se acerca y la huele o la prueba un poco, y la abandona volviendo hacia la puerta buscando nuestra cercanía (o la de la puerta, para colarse en casa). Si al rato no le hacemos caso, finalmente, con gesto casi de resignación, vuelve a la comida, y come. Pues eso, que tras un ponérsela la olisqueó un rato, me miró otro rato, y sin tocarla se fue a buscar a su compañera. Poco a poco la fue acompañando, se le acercaba, le frotaba la cabeza en el cuerpo, por la cabeza como si le estuviera susurrando y la fue trayendo, pacientemente, hasta la bandeja. Una vez la gata canela supero su timidez, o su miedo, dio cuenta de la comida con una ferocidad desconocida, creo que incluso trató de comerse el aluminio. Pulgas ni la probó la comida, simplemente la observaba tranquilamente.

No sabemos si nos trajo a esa gatita por solidaridad gatuna, desconozco si tienen estos comportamientos los gatos, o si la trajo, quizás, para presumir.

En algún momento, presos de un materno-paterno ego, creímos que tal vez nos traía a su conquista a casa para que la conociéramos, como para presentárnosla, como si le importáramos realmente. Hasta nos lo llegamos a creer, hasta este fin de semana.

El muy bribón se volvió a presentar, esta vez solo, olisqueo la bandejita del paté gatuno, apenas la probó, y en un descuido, se marchó calle abajo, sin siquiera despedirse. Esperé un poco sentado en la escalera, por si volvía y la que apareció, al cabo, fue una muchachita en pijama, que venía recorriendo la calle, preguntando si había visto a un gato pardo rayado en negro, portando un tupper con leche en las manos. Le indiqué hacia donde se había marchado, y volví a entrar en casa, sin  poder contener la risa.

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