Aula de la experiencia

Comentario sobre el libro "El nombre de los nuestros", del Club de Lectura La Unión.

por 05 de julio de 2013, 336 visitas
Comentario del libro de Lorenzo Silva Amador, efectuado por Antonio Repiso Rodríguez, del Club de Lectura La Unión.
C  L   U   B       D   E       L   E   C   T U   R   A       L   A       U   N   I   Ó  N      Los Palacios y Villafranca- Casa de la Cultura                                                                                   Comentarista:   Antonio Repiso Rodríguez
Libro comentado:         E L   N O  M B R E   D E  LOS N U E S T R O S            Autor: Lorenzo Silva Amador  -Editorial Destino (2001)

   Historia novelada, que no novela histórica, ambientada entre las trincheras más avanzadas de la infantería española sobre la aparente resistencia de las tribus indígenas del territorio africano del Rif  desde 22-julio hasta 9-Agosto de 192 y cuyo resultado, adverso e inesperado por subestimación, finalizó en exterminio de contingente español. Podría el autor haber aprovechado esta obra para elevar el grito en denunciar ante la democracia actual aquellos despropósitos políticos, ciegos por la propia crisis de la corte donde tropezaban  extrañas irregularidades militares torpemente causantes del hundimiento de las tropas españolas en la más humillante derrota rendida con su consiguiente expulsión por parte de la harka mora, provocando a los buques varados en la costa de Sidi Dris, impotentes ante la furiosa rebelión de los harqueños, abandonar a inmisericorde venganza de los sublevados rifeños tantísimos cadáveres, heridos, mutilados, desertores y prisioneros que  “… los buitres se podían permitir seleccionar de comandante para arriba…”

  Sin embargo el autor centra la narración en trincheras, blocaos y garitas donde aquellos hombres sobreviven contra otros peores enemigos, cuales son malnutrición, sed, piojos, ratas y  parásitos con sus enfermedades contagiadas; contra el despotismo de la escala militar inmediata; contra el abandono de la jerarquía burocrática ministerial y comisionados; contra el olvido de los políticos procedentes de rancia nobleza y contra la indiferencia de la misma opinión pública. O sea contra aquellos que pueden permitirse vivir de la profesionalidad del  “Todo por la patria”  o de otras retribuciones funcionariales con las que también permitíanse pagar a otro soldado dispuesto a morir en su lugar mientras se jactan en arengar  “cada bala lleva un nombre” porque muchísimos de los caídos, o mueren cobrando en el campo de batalla o de miseria en el campo como bracero.  De cualquier forma el riesgo acechante merodeador lo soportan pelados soldados de reclutas forzosas, poco entrenados, mal pagados, mal armados con fusiles anticuados, calzados con alpargatas, necesitados a veces de vender fusiles a tribus indígenas y desmoralizados por corruptelas entre intendencia y oficiales. En definitiva porque al final, la ambición gangrena a los vivos y el olvido la memoria de los muertos.

  Por ello la asequibilidad literaria con que maneja la narración, trata de evitar  “sacar petróleo crítico” de la precaria situación política de las postrimerías del reinado del Alfonso XIII para elevar al rango de supervivientes a un puñado de soldados condenados a ser héroes involuntarios, logrando construir una aventura que podríamos clasificar de “acción bélica”;  pero solo novela, desvestida de excelencias literarias a fin de llegar al lector mas bisoño sin pretensiones juiciosas, de forma que las cualidades humanas mas erráticas que acertadas con sus vicios y virtudes se exterioricen como protagonistas ante unos hombres acorralados entre el olvido y la muerte, consiguiendo por tanto el autor Lorenzo Silva enfrentarse a una historia cuyos enjundiosos precedentes obvia, para narrar con variadas aptitudes descriptivas y que al dosificar el ritmo narrativo enardece la atención del lector quien al final queda frustrado ante el adverso resultado de la batalla donde pierden los nuestros y vencen los… ¿malos?.

  Lorenzo Silva, escritor galardonado recientemente con el Premio Planeta 2012, no publica una novela sobre la guerra de España en Marruecos, sino sobre los avatares de que cualquier guerra horroriza a supervivientes de un destino irracionalmente impuesto. No obstante su intención voluntaria de omitir cualquier sentido  crítico, que emborronaría el núcleo narrativo de  “El Nombre de los Nuestros”, es precisamente la que hostiga la conciencia del lector animándole a persistir con el tema novelado para hurgar, quien así lo capte, en la llaga de la historia real cuyo destino final fue torpemente dirigido por ineficaces ilustres de los que sus nombres, apellidos o cargos honoríficos pueden reconocerse, inteligentemente sustituidos, entre los responsables personajes ficticios.

  Responsables en la realidad histórica de la nefasta e inútil política colonial española en África donde y en este caso, a pesar de la experiencia historiográfica humana recae en el error sangriento de que cualquier forma de conquista bélica no deja de constituir una invasión encubierta de falso patriotismo y por ende consecuentemente siempre a y lo largo de la humanidad ha venido sembrando la semilla del odio sempiterno entre “protectores victoriosos y vencidos protegidos”,  donde la contaminación de las raíces del indígena colonizado son secadas por la explotación del patrio colonizador dando lugar a la rebelión corolaria inevitable, coincidiendo …que casualidad… cuando  la vanagloria del invasor degenera en corruptelas  de poderes desmedidamente interesados hasta llegar a olvidar a sus propios  “muertos  patrióticamente por razón de estado”  y por lo que  “El Nombre de los nuestros”  nos restriega solapadamente entre líneas al intentar y conseguir homenajear a cuantos nadie quiere inmortalizar porque políticamente a todos los desalmados jerarcas interesa olvidar.

  En todo el trayecto narrativo, insisto, además de evitar identificar que sus personajes ficticios coincidan con sus  homónimos reales, tal obviedad intencionada  también lo hace con el jefe insurrecto de la harka rifeña,  Abd el-Krim a quien no menciona individualmente esfumando su protagonismo entre los dieciocho mil masacrantes harkeños ansiosos de venganza contra sus humilladores soldados españoles cuya única culpa fue ocupar un destino obligatoriamente aceptado a favor de un colonialismo amasador de intereses en provecho de los privilegiados cortesanos que abocaron a miles de reclutas de reemplazo a morir en el casi desconocido por olvidado Desastre de Annual y que con esta derrota española se demuestra que,  como  “la historia la escriben los vencedores” es por lo que tanto interesó a la aristocracia emborronar la memoria de tal humillación. Aristócratas que sí merecen el olvido histórico como intencionada y valientemente se atreve Lorenzo Silva para centrarse en recordarnos con esta novela  “El nombre de los nuestros”  a miles de muertos anónimos en nombre del colonialismo. Dominación territorial continuada por los siguientes gobiernos de España llámense monarquía, dictadura priomoriverista, república popular, régimen franquista o democracia parlamentaria actual.

  Las consecuencias socio – políticas- económicas derivadas del Desastre de Annual constituirían harto motivos para otro trabajo crítico mas historiográfico que literario, aunque  “El nombre de los nuestros”   golpea el aldabón de la conciencia del lector para rendir memoria a miles de mártires inmolados sin causa.
 
 

Añadir comentario