Manuel Sollo

50 años del asesinato de JFK

por 28 de noviembre de 2013, 231 visitas
Reproduzco aquí el texto con el que presenté en la Facultad de Derecho de Sevilla el 18 de noviembre de 2013 el libro "John Fitzgerald Kennedy. Discursos (1960-1963). Una Presidencia para la Historia", editado por el catedrático Salvador Rus Rufino para la editorial Tecnos. Conmemoramos así el magnicidio ocurrido en Dallas el 22 de noviembre de 1963 y que convirtió a JFK en un mito político y social del siglo XX.
Buenas tardes. Me es muy grato compartir con ustedes la presentación del libro sobre los discursos de Kennedy, del catedrático Salvador Rus Rufino, al que agradezco su invitación, en lo que entiendo, como en la película Casablanca, es el inicio de una gran amistad.

Me siento aún más comprometido tras conocer que en la presentación de Madrid, que tuvo lugar la semana pasada, intervino el reconocido periodista y profesor de Relaciones Internacionales, Felipe Sahagún, quien fue profesor mío en la Facultad de Ciencias de la Información de la Complutense a mediados de los ya lejanos años 80.  

Voy a tratar de contarles la historia de una fascinación. La de nuestro querido amigo Salvador por uno de los iconos de la política mundial del siglo XX, el trigésimo quinto presidente de los Estados Unidos de América, John Fitzgerald Kennedy, asesinado a los 46 años de edad en Dallas, cuando no había cumplido tres años de mandato.

Descubrí este deslumbramiento intelectual hace un par de meses, al entrevistar a Salvador para el programa “Biblioteca Pública de Radio Nacional de España”, de la web de Radio Televisión Española, que dirijo y presento. Llegué hasta el profesor gracias a la Editorial Tecnos. En cuanto tuve conocimiento de la publicación del libro me puse en contacto con la editorial para dialogar con el autor de esta obra, "John Fitzgerald Kennedy. Discursos (1960-1963). Una Presidencia para la Historia".

Un espacio a caballo entre internet y la radio, comprometido de forma especial con el ensayo y el pensamiento, debía conmemorar el quincuagésimo aniversario del crimen de JFK, que se cumple el jueves, como saben, con un acercamiento certero y profundo a sus estudios, reflexiones y obra.

Aún por teléfono, conecté rápidamente con Salvador Rus, entre otros motivos, y permítanme este rapto de chauvinismo, inhabitual por mi parte, al descubrir la procedencia sevillana de un catedrático de la Universidad de León.

Fue casi media hora de entrevista en la que Salvador desgranó, con una pasión indisimulada, la biografía política, las innovaciones comunicadoras y las claves de la gestión de Kennedy, un personaje que ha trascendido la historia para convertirse en mito, en parte fundamental de la iconografía moderna, y cuyo legado puede sernos de enorme utilidad en estos tiempos de crisis económica y de revisión de los valores democráticos.

En esa conversación está la esencia de este libro de cuidada y loable edición. El volumen nos ofrece una cronología detallada de la vida de JFK, una extensa bibliografía y 39 imágenes que recogen algunos de los momentos más significativos de su vida personal, familiar y política.

La primera es el retrato póstumo oficial del presidente pintado por Aaron Shilker en 1970, portada también de este volumen. La última, la llegada con su esposa Jacqueline al aeropuerto de Dallas, poco antes del magnicidio.  

La presentación es del ministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert Ortega, quien en su faceta de sociólogo valora las enormes transformaciones de Kennedy en la tramoya de una política tan exigente como la norteamericana, el reflexivo uso de los modernos medios de comunicación, la proximidad a un votante que será ya siempre ciudadano. Por encima de todo, Wert ensalza la capacidad del kennedismo para conectar con las expectativas de una nueva generación nacida ya en el siglo XX  y su vocación de pasar a la historia. Es “la persistente huella de un estilo y la duradera añoranza de lo que no llegó a ser”.

El prólogo lo firma Antonio Garrigues Walker, quien recuerda las estrechas relaciones de su padre con los Kennedy y nos deja una cita tan significativa como memorable: “Pertenecer a esta familia implica asumir compromisos muy complejos y niveles de exigencia muy especiales. Incluso riesgos. Hasta morir de muerte natural es, en esta familia, una excepción a la regla”.

El origen del libro es un encargo de Manuel González Moreno, editor de Tecnos, a Salvador, que reconoce que en aquel momento no sabía de JFK mucho más que cualquier persona razonablemente informada e instruida. A partir de aquí su meticulosa investigación le descubre al hombre que, al margen de su trágica y temprana muerte, había anticipado y revolucionado la forma de hacer política, había puesto las bases de una radical transformación interna de su país, con medidas de integración racial, y había consolidado el liderazgo internacional de los Estados Unidos frente al comunismo y la potencia de la desaparecida URSS. Todo fue en los inicios de lo que se llamó “la década prodigiosa”, 1960.

Con la colaboración de su hijo Jaime Alberto, el catedrático Rus Rufino selecciona de la Biblioteca y el Museo de la Presidencia de Kennedy de Boston y de otras fuentes, los 22 discursos más influyentes pronunciados a lo largo de su carrera.

Desde que se convierte en candidato demócrata a la presidencia hasta el que iba a pronunciar la misma tarde en que fue asesinado; el de su toma de posesión el 20 de enero de 1961 o el pronunciado en septiembre de ese año ante la Asamblea General de la ONU; sus discursos de junio del 63: uno televisado en el que anunciaba su propuesta de aprobar una ley que reconociera a toda la población sus derechos civiles y otro ante el Muro de Berlín, al que se suma la alocución durante la crisis de los misiles de Cuba en octubre de ese mismo año. Es preciso recordar a los más jóvenes que estuvimos muy cerca de un nuevo conflicto mundial, y éste nuclear.

Salvador Rus traduce y anota cada una de estas intervenciones, las contextualiza en esos críticos momentos históricos. Su descubrimiento es el nuestro al adentrarnos en un periplo de notable densidad intelectual, que marca la evolución de un hombre, Kennedy, que supo utilizar su atractivo y su respaldo popular para poner las bases de un mundo nuevo en el que resuenan como desafío y esperanza constantes las palabras paz y libertad, como aspiraciones superiores tras la Segunda Guerra Mundial y en medio de las inquietantes vicisitudes de la Guerra Fría posterior.

Los discursos de las élites no tienen autores definidos. Como apunta el ministro Wert en su presentación, todo dirigente de cierta importancia tiene un “negro” que le escribe los discursos. En Estados Unidos lo denominan de una forma más políticamente correcta: escritor fantasma. Todos los analistas coinciden en que en su nueva forma de entender la política, Kennedy se rodeó de los mejores asesores, creó poderosos gabinetes de comunicación y supo utilizar la retórica de sus textos tan bien como la emergente televisión o los incipientes sondeos de opinión, con el fin de acercarse al ciudadano y hacerle llegar sus mensajes.

Con ser cierto, toda esta novedosa alquimia necesita de algo más, de mucho más, para “volver a poner en marcha una nación”, como le gustaba decir a Kennedy en sus intervenciones, para que sus gentes te sigan en el empeño y para que tu carisma y tu memoria perduren cincuenta años después de tu muerte.

De todo ello reflexiona Salvador en su estudio introductorio, un verdadero ensayo, como lo califica Garrigues Walker, titulado “John Fitzgerald Kennedy. Un presidente para mil días”. Se trata, en su brevedad, de una emotiva y analítica biografía política de JFK, sus avatares y su entorno, sus inquietudes intelectuales, la evolución de su pensamiento y la plasmación de sus ideas. Escribe Salvador: “John Fitzgerald Kennedy fue un político que se compro¬metió con su tiempo, luchó por conseguir lo que deseaba alcanzar buscando el bien de todos por encima del suyo propio. Mostró que un hombre de acción transforma la información en ideas y éstas en proyectos que dan cauce a las acciones”

Recordemos que el lema de su campaña, y por extensión, de su presidencia, fue “La Nueva Frontera”, con el que galvanizó los sueños y anhelos de una nueva época mundial. Nuestro amigo tiene pendiente sobre este mismo asunto una obra de mucha mayor envergadura.

“No te preguntes lo que tu país puede hacer por ti; pregúntate qué puedes hacer tú por tu país”. Quizá sea su cita más conocida y no podía faltar en esta presentación, que acaba ya con otra frase, esta del profesor Rus Rufino, que ya quisiéramos que resonara en todos los despachos de los poderes políticos y económicos actuales: Desde la firmeza que le daba su tremendo poder, Kennedy “siempre buscó la verdad, la justicia, la libertad y la concordia”.

John Fitzgerald Kennedy encarna lo mejor de la democracia no sólo norteamericana, sino mundial, como bien ha sabido entender Salvador.  

Muchas gracias.  

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