EPEV-Poerrante

LOS GATOS PARDOS Y EL VIENTO

por 03 de julio de 2014, 256 visitas
Segunda Parte
- II –
El alborozo y cuchicheo en el portón con las primeras llegadas de las cuadrillas de obreros semejaba a los zumbidos de las avispas perturbadas en su panal. Todos comentaban a baja voz y señalaban al cuerpo caído del vigilante, era lo único que se podía ver desde la enmallada verja encadenada. Nadie se atrevía en pasar, ya que se requería superar la cerca escalándola o derrotando al candado anti cizalla, cortando la cadena o las mallas del alfajor y de por sí, se podían alterar las evidencias que entrañaban el homicidio inculpando al que no fuera. El cuerpo estaba en posición boca abajo y la punta de la escopeta le sobresalía de entre sus hombros en diagonal, en un charco de sangre coagulada, reseca, absorbida por la tierra polvorienta, amarilla y cementosa, yacía el vigilante desde hace unas horas.
Rubén se sentó sobre un tronco del espacio deforestado del umbral, apartado de todos, pensativo…sacó del morral una enorme arepa envuelta en papel aluminio, rellena con perico y queso blanco, aun se mantenía caliente, en una botella plástica de coca cola, el café compañero indispensable del desayuno; dispuesto a comer daba miradas continuas al grupo murmurante, preocupado, como si buscara entre ellos al culpable de tal desgracia. Pedro, para él, fue más que un amigo, un hermano. El concentrarse en los recuerdos sobre Pedro, su anecdótica vida, le sumió en desespero y alejó de sí el ansia de comer. Entonces guardó la arepa y destapo la botella, tomó un sorbo de café y otro más…encendió un cigarrillo y siguió mirando, tratando de aclarar con lo poco visto, el motivo del homicidio sin más evidencias que el cuerpo desplomado de Pedro, caído en cumplimiento de su deber y sin saber aun, que a un lado de la edificación, el cuerpo del maestro de obra también yacía entre los escombros inexplicablemente aventado desde las alturas de la edificación.
Entre el grupo la figura inquieta del maute Carmelo se movía con teléfono en mano, llamaba quien sabe a quién y le llamaban. En unas alteraba la voz, esa voz socarrona que le caracterizaba y le servía para sus cargos de delegado sindical, en otras mascullaba palabras, regulando el volumen y haciéndose casi imperceptible al oído del grupo. Se alejaba y retornaba al bullicio, incentivaba para entrar a la obra pero él no se atrevía en entrar, quería que el grupo lo hiciera para seguirlo. La carne de cañón serian ellos pero no su pecho. Buena cualidad del maute, la manipulación era su templanza, sabia pastorear a las hordas obreras. Rubén le observaba con cierto desdén aunándolo a un todo, sin embargo, luego del éxtasis de sus pensamientos, despabilándose, gritó refiriéndose al maute Carmelo - ¿a quién llamas?, ¿llamas al ingeniero?, ¿a la policía?…por favor, llama y soluciona, para eso eres delegado – y Carmelo volteó hacia él con enfado, ripostándole - ¡Calla! –
Rubén calló ante el amago y fríamente analizó el momento inmediato, el maute, que siempre llegaba acompañado con uno de sus secuaces, vino solo en la moto, llega a las 9:00 am, hoy llegó a las 6:30 am. Siempre viene armado, esta vez no se nota bulto en su cintura. Habla socarronamente, grita apabullando a sus contendores sin embargo hoy, tiene tonalidades variadas a través de su Black Berry – algo no cuadra – dedujo Rubén para sí mismo y entonces se dedicó exclusivamente a analizar los pormenores en los movimientos del delegado sindical.
El aparentemente jocoso y amigable Joaquín con el cebollo Rivera, quienes completaban el trío sindical, no aparecían por ninguna parte y con ellos es qué supuestamente se mantenía comunicado el maute, no obstante del ingeniero no se supo hasta que llegada las 6:50 am la tri blazer azul marino repuntó en la curva.
Al ingeniero, viendo el tumulto obrero en el portón, sin siquiera haber entrado a obra, le predispuso a un acontecimiento - el sindicato había parado la obra – pensó e inmediatamente bajó de la camioneta y observó al maute gritando al teléfono, nombrándolo – ¡el ingeniero no aparece, no ha llegado! – decía sin percatarse de la llegada del mismo. Se le acercó por detrás y todos se abalanzaron sobre él, tratando de desviarle hacia la obra…pero él resoluto haló por el hombro al maute Carmelo, preguntándole sobre el motivo por el cual el personal no estaba adentro, haciéndole ver el cumplimiento de las normativas de contratación por parte de la empresa tanto con el personal como con el sindicato, pero Carmelo sólo le señaló hacia la obra, tenía un tarugo en la garganta, su cara se empalideció tanto cuando el ingeniero le increpó, qué soltó el teléfono y tembló espantado. Esa actitud la notó Rubén, evidenciando sus sospechas.
- Vaya ingeniero, vaya. Asómese a la obra – decían en cambote los obreros que le rodeaban, robándole las palabras de la boca al maute.
El ingeniero sopesando la inexplicable actitud del maute y las voces que le invitaban al portón, echó por tierra sus sospechas, algo mas debía estar ocurriendo y entonces empujado por el grupo, apabullado; se acercó al portón y observó el cuerpo sin vida del vigilante - busquen la llave en la camioneta, busquen la llave – grito impresionado por el acontecimiento.
Del grupo unas voces pedían llamar a la policía, otros se retiraban, otros querían entrar.
- sí, si…llamemos a la policía. Nadie le llamó, nadie. ¿Por qué? ¿Y los delegados?¿Carmelo?..¿Carmelo?...
- nadie…nadie – repetían los obreros.
- ¿Y el maestro? ¿Dónde anda? – preguntaba mientras se comunicaba con la policía
- no ha llegado – respondía el grupo
El ingeniero se apartó del grupo, no sin antes pedir que no abrieran el portón, el maute se contradecía, ansiaba entrar y temía, en sus manos estaban las llaves, luego el ingeniero le hacía gestos para que no lo hiciera mientras suministraba los datos vía telefónica a la policía, quienes le pedían mantener fuera de la obra a los obreros.

Añadir comentario