EPEV-Poerrante

LOS GATOS PARDOS Y EL VIENTO. TERCERA PARTE

por 06 de septiembre de 2014, 246 visitas
-III-
Eran las 9:50 am para cuando llegó una comisión de la policía, una furgoneta mortuoria, con el médico forense y su delgada asistente, cetrinas pieles de frías cavas en la morgue. Ella con su respingada nariz y sus delicados dedos larguísimos, sacó un grabador de entrevista de entre su bolso, preparándolo para cuando el doctor comenzara a examinar a la víctima. La zona se acordonó con cintas amarillas creando un cuadro alrededor del cuerpo muerto y en ese perímetro sólo el inspector y la pareja forense permanecerían dentro. Del grupo de agentes la personalidad de inspector sobresalía por un cuerpo maltratado como el suyo, por tantos días de trasnochos y mala alimentación, a deshora, dos burbujas acuosas colgaban bajo sus ojos y grandes surcos cubrían la frente que aunada con las entradas profundas, calvicie a medias, denotaban a un hombre de sesudos pensamientos – ahí está la víctima – señaló con un gesto labial el inspector, comunicándole al doctor que apenas hacia acto de presencia.
Ya el sol recalentaba los cuerpos y se despedían un tufo de inminente. La piel de Pedro era de un pálido apio, se había vaciado la sangre de su cuerpo creando una costra mezclada con tierra en derredor de sí. El par mortuorio lo divisó desde el portón y parsimoniosamente se fueron acercando. El doctor con las piernas largas, como ave zancuda hurgando entre las aguas de un charco, con lentísimo caminar y figura encorvada, colocó sus lentes sobre el tabique nasal, sacó una libretica de uno de los bolsillos de la bata y comenzó a escribir jeroglíficamente los detalles que iba narrando sobre la maquina grabadora de la asistente.
A los obreros lo pararon en el umbral para tomarles los datos, a todos, e indagar sobre ellos, cualquier cosa que pudieran saber y averiguar de sus antecedentes. Adentro otro grupo de oficiales, recorría la obra en busca de evidencias, las experticias son calmosas y bastante recelosas de los entrometidos. El doctor analizaba el cuerpo de Pedro para declarar su muerte y levantamiento, la escopeta empuñada por Pedro daba pista de confrontación y el tiro en su nuca, demostraba que fue asesinado por la espalda, posiblemente alguien que esperaba en el exterior de la obra o agazapado en derredor de la garita.
Unos agentes entraron a los pisos en construcción, otros en sus alrededores, estos encontraron al segundo cuerpo, descalzo, amarrado de manos, amortajado, visiblemente maniatado; colocado en posición ladeada entre los escombros y bolsas vacías del cemento, y monte. Tenía trozos de periódico asido a los talones El ingeniero lo reconoció como Manuel Cepayo, el maestro de obra.
- con razón no había llegado, siempre estuvo aquí. Parece que lo mataron cuando comía – dijo el ingeniero conmovido
Tras estas palabras, los policías llamaron al inspector, doctor, a los bomberos…el hombre también estaba muerto, el doctor objetó al ingeniero por el comentario, creyó que era sangre en la boca del desdichado, mas cuando se acercó al cuerpo, y movió su cara…realmente había salsas en sus mejillas y cachetes, restos de aceitunas y queso pero dentro de su boca, nada. Determinó que el hombre no comía en ese instante y que su muerte se produjo por el impacto contra el suelo al ser lanzado desde una altura del edificio. Las radios transmisores sonaron, los agentes en el edificio consiguieron rastros de retención y lucha entre los pisos 10 al 13.
Un pipote con bastante periódicos y bolsas de cemento, orinados, volteado en la puerta de unos de los baños del piso 10, la tapa del contenedor con agujeros rústicos hechos con clavos, a manera de permitir la respiración, unos tirrap grandes, plásticos, reventados, unos bloques colocados fungiendo ser taburetes de espera como de alguien que monta guardia, colillas de Kool regadas al pie de los bloques, el meridiano con la fecha de ayer anunciando en primera página el encuentro de la Vinotinto y los charrúas a las 8:30 pm hora Venezuela, unos pasos en los polvorientos pisos y marcas de un cuerpo arrastrado.
Las evidencias daban por hecho que la muerte del vigilante, no fue más que una muerte necesaria, ya que, aparentemente el objetivo del ataque y brutal asesinato era sobre Manuel Cepayo. ¿Los motivos?…desde allí comenzaría la investigación, husmeando los pormenores de la vida de éste ciudadano sin obviar las menudencias de la vida de Pedro, por si alguna interrelación existiese.
El inspector abandonó al doctor cuando examinaba el cuerpo de Manuel Cepayo y subió los diez y los trece pisos, husmeó hasta el piso veinte y los tres niveles de estacionamiento. Debía tomar nota de primera mano, no guiarse por las presuposiciones de los agentes. Tenía que seguir las pistas. Analizar cada cosa. Las colillas de Kool y tres cartones de cajetillas arrugados, dos en el piso diez y otro en el estacionamiento. Dos cajas de pizza Hut con migas y salsas, dos vasos de coca-cola grandes. Un reguero de huellas esparcidas en el piso, desordenadas, daban clara pista de persecución desde el piso diez al trece, escalera arriba y hasta llegar a medio metro del borde de una placa sin paredes de donde se supone fue lanzado Cepayo. Allí quedaron cuatro huellas marcadas, intactas, claramente identificadas por las suelas de los zapatos que seguían las rusticas botas del trabajador. Ya lo tenían entre brazos, al aire, y fue aventado con claro enojo y premeditación.
Por el transmisor notificaron al inspector que el último que vio al maestro en la obra, lo vio a las tres de la tarde. Uno de los trabajadores de los indagados abajo, lo dijo a manera de relajo y sin saber si alguien más le había visto después.
- estaba por los lados del cuarto hidroneumático en nivel uno de estacionamiento – dijo el muchacho despreocupado y en son jocoso.
El agente lo miró serio con cara de desagravio, como quien no le gusta la cosa. Y entonces le puso a un lado del grupo – quedas seleccionado – le notificó
- ¿seleccionado para qué? – replicó ahora más serio
- para testigo, muchacho
- pero no vi nada –
- con lo que dijiste es suficiente, ahora me aclararas detalles en la jefatura. Sólo eso, por ahora.
Allí había conseguido el inspector dos cajetillas, vacías y arrugadas de Kool. Y se preguntó: ¿La espera y el secuestro? ¿Querían solo secuestrarlo o matarlo? ¡Y si era matarlo ¿por qué no lo hicieron de una vez, apenas lo encontraron?¿llegaron estos señores con cena o se la trajeron luego?¿sería el asesino de Pedro quien trajo la cena?. Puedo imaginarme una escena, posiblemente, a la ligera, a vuelo de pájaro. Todo se lo comentaba a sí mismo, mientras observaba hacia abajo al borde de la placa del piso trece viendo los hombrecitos variopintos en los predios de construcción en planta baja, revisando, buscando, indagando. Se dijo, me imagino que el tal Manuelito se les escapó a sus castores, el pipote y los tirrap reventados lo argumentas, quizás cuando intentaron darle de comer, el hombre escapado corrió pisos arribas con sus castores persiguiéndolo hasta darle alcance en el piso trece, donde acorralado se lanzó al vacío (que sería una muerte provocada) o lo atraparon y aventaron. Demencial, acotó.
Estas y otras muchas conjeturas y preguntas, rondaban los pensamientos del inspector mientras seguía recolectando pistas.

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