Concurso Microrrelatos - Primera Edición

"El sentido del tacto"

De cartón piedra

por Carbonblanco, 31 de diciembre de 2012, Concurso Microrrelatos - Primera Edición

Al tocar su fría piel, hecha de cartón piedra, sentía, que ella no le sentía, al igual que el perro de escayola que vigilaba su entrada o como el cuco de madera que le daba las horas, horas lentas y solitarias, en aquella enorme casa, tan llena de cosas, tan vacía de vida. Enanitos de piedra adornaban su jardín, pero, por más que les hablara, jamás le respondían. La más frustrante era ella, siempre allí sentada, con la mirada perdida. Quería que su sonrisa no estuviera pintada, que sus besos fueran cálidos, escuchar su respiración cuando la tumbaba con él en la cama, que sus dedos se movieran, que el reverso de su palma, acariciara sus mejillas. Ansiaba que le tocara, deseando convertir en verdad, aquella cruel mentira.

Habitación a oscuras

por Carbonblanco, 31 de diciembre de 2012, Concurso Microrrelatos - Primera Edición

Suaves melocotones siento en las yemas de mis dedos al tocar tu piel. Un pañuelo de seda en mi cuello, es tu melena, cuando me acurruco en tu pecho. Mi oreja nota el compás, de los latidos de tu corazón. Acaricio con mi lengua, los sabores de tu boca. Recorro con mi nariz, todo tu cuerpo desnudo. Entrelazo mis piernas a las tuyas, para sentirte en mí. Descansamos un instante, mojados sobre la cama. Enciendo la luz, para ver tu belleza, la que hace un rato tocaban mis manos. Como antes te desnudé, ahora te visto lentamente. Abrocho los botones de tu camisa, ato los cordones de tus zapatos. Te miro a los ojos y te digo “Nos vamos?”. Salimos a la calle, llueve, hace frio, tus labios rozan mis labios, hace calor, la lluvia me refresca, cierro los ojos, para volver a sentir tan sólo, en sentido del tacto.

Naturaleza

por Carbonblanco, 31 de diciembre de 2012, Concurso Microrrelatos - Primera Edición

Las nubes toman las montañas, para sentir las cosquillas de los árboles en sus blancas barrigotas, después, suben al cielo, para tocar los rayos del sol con su cabeza. Los árboles estiran sus ramas, para que el pose de los pájaros, les hagan sentir acompañados. Los copos de nieve, se funden en las hojas perennes y, ese frío, hace que se sientan vivas. Las flores descansan sobre la hierba verde, sus alegres colores, atraen a las mariposas, estas beben de su néctar, la recompensa, esas finas patitas que acarician sus pétalos. Las ardillas trepan por los troncos, los osos pisan la firme tierra, los peces nadan en los ríos. La naturaleza siente, vive, toca…

La verdadera felicidad

por Vart, 30 de diciembre de 2012, Concurso Microrrelatos - Primera Edición

Son las cinco de la madrugada.El llanto del cielo y el grito de los abetos por los extremadamente fuertes abrazos del viento conmueven mi inocente corazón. Me asomo a la ventana para observar el paisaje. Sin embargo, de repente, en ese preciso instante, un olor a no sabría expresar qué, se apodera de mí llevándome a lugares que, hoy en día, no son más que parte de la sombra del pasado. Todo esto me recuerda a cuando saboreé por vez primera el almíbar de rosas que con tanto placer preparaba mi abuela. Y ahora tengo la sensación de sentir el calor del cuerpo de aquel muchacho que me robó un beso. Y es en estos momentos cuando soy incapaz de entender cómo es posible vivir sin gozar de la verdadera felicidad: besos, abrazos, caricias y olores que valen más que mil palabras pronunciadas.

Mi fortuna

por Nico, 29 de diciembre de 2012, Concurso Microrrelatos - Primera Edición

Desde que era pequeño mi mamá me enseñó la importancia del sentido del tacto. Ella decía “la gente no sabe lo que se pierde al no valorarlo”. Como era para Grenouille su olfato, para mí era la sensibilidad de mis manos. Y así, pendiente de este sentido tan infravalorado fue como un día le conocí. Supe que era ella en cuanto palpé su mano, hace 40 años, y aún hoy sigo sintiendo lo mismo al tocarla. Así es que hoy puedo contarles que ellos fueron lo mejor que me ha pasado en la vida. Ella por estar siempre a mí lado, acompañándome; y él, el sentido del tacto, por haberle dado color, forma e imágenes a un mundo…que nunca vi.

A orilla del Tormes

por FAUCO, 29 de diciembre de 2012, Concurso Microrrelatos - Primera Edición

Cuánto he disfrutado paseando por la dehesa de mi pueblo sobre el colchón de mullidas y húmedas hojas del robledal. El viento, algo frío para la época en la que estamos, me daba en la mejilla derecha y, al final, he terminado con la nariz y las orejas frías, pero no tanto como para sabañones. Aunque me he servido de un cayado para facilitar la andadura, un traspiés me ha hecho topar con la rodilla en tierra y a punto ha estado de costarme una cadera. Incorporado, he seguido caminando un buen rato llegando a pensar que el tiempo iba a empeorar, pues el viento lo notaba ahora en la mejilla izquierda. Salí de mi error, cuando oí la voz de aquel desagradecido. ¿Para qué vuelves? si te he dicho que, aunque me lo supliques llorando, ¡no volveré nunca más a ser tu lazarillo!

No me vengas con excusas

por Ponfiel, 29 de diciembre de 2012, Concurso Microrrelatos - Primera Edición

Sentí el roce de tus labios la noche antes de marcharme, acompañados de tus caricias. Me invadió la curiosidad y seguí rozándome contra tu pecho, entre en dilema, que zanjé al instante. La voz de la conciencia se apagó de golpe, aunque quiso resurgir, tus erizados cabellos me llenaron de miel. Recordé el vals que mis padres hacían siendo bien niño, recorriendo la casa, saboreando sus carnosos labios, disfrutando de momentos únicos, de sensualidad, amor, ternura. Hasta que se acabó. Él nunca dijo la verdad. El único consuelo que le quedó a mi madre fue recibir nuestro cariño. Pasó de ser fructífera a árbol muerto, deshojado, maltrecho. Olvidó que era sentir piel con piel. Y ahora tú me vienes con esas, como niña malcriada, queriéndome despojar de lo que más me llena. Cuando mi mujer está vacía y ni siquiera quiere mirarme a los ojos.

El tacto necesario.

por Antuan Palacios, 29 de diciembre de 2012, Concurso Microrrelatos - Primera Edición

Le dijo: ! Tócame si eres hombre !. Él no persistió entonces en la absurda idea de agredirla. Nunca antes lo había hecho y se alegró en el alma del súbito cambio de rumbo, justo en el nicio de ese proyecto cobarde. Estaba cansado, abatido. Se reconocía hastiado de tanta confrontación. Ella vivía también instalada cerca del agotamiento. Miraron a su niña y observaron quen en sus ojos, de par en par, los ocho años de corazón ahora inquieto reflejaban una nueva súplica de paz. De reconciliación y paz. Paz en el mundo, en su mundo localizado. Esa mañana, en una intensa carta de Reyes de una escueta línea había escrito: solo quiero pedir muchos besos a papá y a mamá. En casa hacía tiempo que sobraban demasiadas palabras injustas y faltaban muchos gestos tiernos: abrazos, caricias y besos. Una esperanza en el amor ausente, en el sentido del tacto irreemplazable.

Retrato de mi voz

por TERESA, 28 de diciembre de 2012, Concurso Microrrelatos - Primera Edición

Ambientada en la estación menos cálida me encuentras esparcida o en un paraje navideño, tal vez no destaco en gran medida pero sin embargo siento, pies que me pisan y manos que recorren todos mis recovecos. Los prevenidos llevan guantes y raquetas, los valientes no, y a ellos enfrío con todo mi ardor. Me parten, hacen bolas y juegan entre ellos. Soy muñeco diseñado del más antiguo modelo, cabeza de bola y otra de cuerpo, nariz de pepino, ojos de botón, sonrisa dibujada con un dedo de ilusión, y adornada con bufanda y sombrero espero que llegue el momento de que salga el sol.

La cálida caricia del sol

por miguelgr, 28 de diciembre de 2012, Concurso Microrrelatos - Primera Edición

El frío estremece mi cuerpo, mientras espero en la parada frente al helado río de Otonabee. La brisa escalofriante golpea mi rostro, congelándome dolorosamente las lágrimas. En ese momento miro el horizonte con la vista perdida, respiro pausadamente y luego siento el sol, aunque el cielo hoy está nublado. En mi cara siento la cálida caricia del sol que extendiéndose por mi cuerpo me hace sonreír. Siento como brilla el sol como ilumina mi rostro, aunque hoy está nublado. El autobús llega y entro feliz sonriendo, el conductor con cara de sorpresa me pregunta qué tiempo hace en mi país.

  1