Concurso Microrrelatos - Segunda Edición

"El sentido del gusto"

COCIDO

por Linesita, 28 de febrero de 2013, Concurso Microrrelatos - Segunda Edición

Bajaba por las escaleras de mala manera y el estómago revuelto. Había comido en exceso, pero aquel “cocido con todo” fue una tentación, a pesar de mis achaques, caí y recaí en ella por tres platos, y más, viendo que mi suegra tiene cien años y come cada semana ese cocido suculento, juzgué por ello, que a mi tampoco me dañaría. Sentado a la mesa, y solamente con el olor, aprecié el gusto de cada componente. Comí las alubias, la berza y la patata, y finalicé mojando el pan con fruición en el compango del “bichito de vista baja”, como si en ello me fuera la vida, y así estamos. Me fue la vida. No me arrepiento a pesar del brillante traje de madera y de los giros que me dan bajándome por la estrechísima escalera, porque difunto, no desperdiciaré ni un gramo del magnifico “cocido con todo”.

El empacho de siempre

por Linesita, 28 de febrero de 2013, Concurso Microrrelatos - Segunda Edición

Me levanté con la garganta seca, sabor amargo, la lengua pastosa y un estropajo por paladar. El estómago le pedía a gritos algo caliente; no me encontraba bien. Pensó que había bebido con medida cuando estuvo de pinchos con sus amigos por la zona del puerto; bebieron sangría baja en alcohol. Recordaba que casi perdió el gusto de saborear las diferentes tapas, cazuelitas, montaditos, tostas, etc., y que también se había descontado con los vasos de sangría. Cuando me olvidé del mundo llevaba bebidos 14 vasos, y después, no sé como llegué a casa. Cuando llegué la cama parecía estar deseosa de mi cuerpo. La abracé con gusto. Miré el reloj calendario, ¡llevaba dos días durmiendo! Me duche y partí en ayunas al trabajo. Subí al autobús empachado de viajeros; seguro que viajaría mal a gusto como todos los lunes.

Modas

por Nico, 28 de febrero de 2013, Concurso Microrrelatos - Segunda Edición

Según parece, con el paso del tiempo…las papilas gustativas tienen la mala costumbre de cambiar, de variar las sensaciones que nos brindan. Antiguamente platos como el bacalao o el pulpo eran alimentos poco apreciados, al punto de que hasta se les llegó a denominar “comida de pobre”. Ahora resulta que lo no apetitoso es exquisito, y que lo antiguamente barato… hoy es caro. ¡Sí! Tan costoso que uno de estos manjares en un restaurante de alta gastronomía, hace temblar las carteras o tarjetas de crédito de más de un caballero o dama. ¿Serán ellas, las papilas gustativas, las que evolucionan con el tiempo? ¿O somos nosotros, los consumistas modernos que le ponemos precio a nuestro sentido del gusto?

Probar un aroma.

por sufridora, 28 de febrero de 2013, Concurso Microrrelatos - Segunda Edición

Recuperó el sabor de las palabras. Placer auténtico de un secreto. Un sabor sin sombra, parte esencial de la vida, sensible y de buen gusto. Aún comprendía y valoraba sus palabras. Su voz era como hablarla a su entendimiento. Sentía el sabor de su saliva como un extracto. Extracto bálsamo de emociones. Emociones con vaho de una ausencia. Ausencia radiante. Ausencia con distinción de lo vivido y la satisfacción de la experiencia. Experiencia acomodada a la luz. Luz de los sentidos inane a una forma amarilla. Forma del sabor de un beso. Un beso amarillo de una despedida. Una despedida condicionada a las palabras, palabras del deseo.

Probar un aroma.

por sufridora, 28 de febrero de 2013, Concurso Microrrelatos - Segunda Edición

Todavía no había probado el espectro de sensaciones, que recogía aquel sabor. La parecía un bálsamo de emociones, capaz de anestesiar su entendimiento. Sus neuronas recogían un consuelo de emociones: gustativas. Emociones ambiguas que exaltaban sus sentidos. En ese momento capturaba el despertador de su conciencia. Era urgente conocerse a si misma. Atenta a cada instante, envuelta en aquella fragancia. Consciente del gusto de cada palabra, podía imaginar y comprender aquel momento. Donde volvería a degustar con paciencia, que la ayudaría a descubrir el sabor de lo insípido, sobre el vaho que deja el sabor de lo vivido. Vivido en una emoción, emocion insipida.

El sabor de la libertad

por Luke Starpoet, 28 de febrero de 2013, Concurso Microrrelatos - Segunda Edición

Hacía más de seis meses que Erik estaba limpio. Sus maestros Gingsberg y Bukowski le habían enseñado a hacer aflorar las letras de las tribulaciones del alma y las contingencias de los órganos. Recordaba sentado en una mesa de la cafetería como en éxtasis y alucinación, el sabor de la creación se le hacía de un grueso cartón en el paladar, difícil de roer y de pasar, cartones en los que escribía sus versos, solo en parques y plazas, llegando a ser molido por asaltantes o mordido por los perros. En esas vicisitudes, la locura le empalagaba de sangre salada en la boca, y al amanecer, sobreviviendo, el frescor de la gloria tenía la pureza de las gotas de rocío o de garúa que caían en sus labios. En el café recibía a sus hijos Allen y Charles para invitarles helados. Era el gustillo de la felicidad.

PARA CENAR BESUGOS

por arktos, 28 de febrero de 2013, Concurso Microrrelatos - Segunda Edición

- La carne rebozada fría no vale nada. - Totalmente de acuerdo, en ese caso y por ese precio, si es tan amable todos tomaremos carne rebozada fría. - Me parece justo, lo útil de su deducción demuestra que el saber no ocupa lugar, permítame que le diga. - Comparto plenamente su aseveración caballero. Siendo que no ocupa lugar, y habiendo demostrado usted ser gran conocedor confieso que desearía fervientemente que no le importara no ocupar lugar en esta silla y compartir este tiempo de cena con nosotros. Puedo prever un maridaje de sabrosa conversación que no se ofrece en la carta. - Por supuesto, pero debo advertirle, el tiempo es oro. - Bien. No cenarás sin saber una cosa más. Así pues ¿será tan amble de hacernos la cuenta de lo que se debe?

quiero y no puedo

por carla, 28 de febrero de 2013, Concurso Microrrelatos - Segunda Edición

El cuerpo esquelético y pálido, la garganta quemándome de sed, los labios agrietados y el estomago rugiendo me como león que se come mis entrañas. Durmiendo a ratos y alucinando con : todo tipo de comidas, sabores, olores y texturas. Convertido en una bestia como cosas repugnantes, preso de instintos animales. Me tumbo en la arena mirando el sol que parece mi inquisidor, oigo el sonido de un barco y me duermo. Huelo el aroma de una paella cociéndose en alguna parte, carrillera de ternera estofada y torrijas caseras...la boca se me hace agua, mi cuerpo tiembla de placer,siento el fuego y una energía sobrenatural me levantarme del suelo, corro hacia aquellos aromas. La gente del barco me grita e intenta detener, me comporto como una fiera y los esquivo. La cocina, mi paraíso en la tierra, inspiro profundamente todos los aromas, dispuesto a comérmelo todo. ¡DETENTE!grito alguien.

sabor e arte

por dragonibiza, 28 de febrero de 2013, Concurso Microrrelatos - Segunda Edición

sabor e arte ¡A qué sabe tu saliva que me gusta tanto!. A través del beso, me adentro en tus sabores, has fumado mucho y mezclado los licores, pintalabios caro y un toque de amoniaco. Y la lengua que no cesa de buscar, va de la suave dureza de tus labios, a la carne esponjosa de tu lengua, qué abandonada a la lujuria, entrega a ciegas, el preciado sabor de la pasión, qué es la máxima expresión del gusto. La pasión sabe a la esencia de tu ser, sangre, sudor y carne. Que gusto poder besarte, Que infinito placer saborearte.

Sabor a despedida.

por hadanoa, 27 de febrero de 2013, Concurso Microrrelatos - Segunda Edición

Amanecía, se presentaba un día soleado de verano, por la ventana se podía observar un pueblo todavía dormido. Miré su cama con lágrimas en los ojos una vez mas y en ella yacía ya muerto su cuerpo inmóvil, sus cabellos castaños caían sobre su frente pálida y sus ojos sin vida permanecían entreabiertos, pocos minutos antes, su voz aun viva me había regalado sus últimas palabras, después,el sabor amargo de una despedida eterna, levanté la vista y observé detenidamente todos los detalles que me rodeaban, curiosamente detuve mi mirada frente al espejo de su tocador, francamente, hoy nos parecíamos mas que nunca, adiós mamá, adiós.

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