Concurso "Minicuentos de la Raya" - Primera edición

Primera Edición

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Metamorfosis

por Males, 09 de enero de 2015, Concurso "Minicuentos de la Raya" - Primera edición

A veces necesitamos alguien o algo a lo que culpar para explicar lo que somos. En mi caso, fueron once rayas las que hicieron de mí lo que soy. Mi nombre escrito en la pizarra con aquella caligrafía exquisita, y a continuación once rayas con las que mis compañeros de tercer curso de primaria y sus votos me nombraban delegado de curso. No sabía bien que significaba aquello ni cuáles serían mis funciones, y sin embargo, aún siendo el más bajito de mi clase, sentí al instante que era un ser superior y podía mirar por encima del hombro al resto. Y de este modo, ese gusanillo de liderazgo, de poder, fue creciendo en mi interior hasta convertirse con una cruel metamorfosis en un dragón que me ha devorado por completo y me ha convertido en este monstruo que soy. Todo por once rayas...

"Constelaciones"

por Inescrutable, 31 de diciembre de 2014, Concurso "Minicuentos de la Raya" - Primera edición

- No me jodas, ¡cómo somos los humanos! Parece que tenemos que tener todo bajo control, que si no tenemos todo atado y bien atado no hay quien nos saque el palo del culo. ¡No soportamos la incertidumbre, joder! - Calla tío. Relájate y disfruta de la noche. Está tan serena y despejada que yo, de un vistazo, ya he visto a Orión. Y mira, allí está Capricornio. - ¿Lo ves? Incluso el caos más majestuoso y bello de la naturaleza trata el hombre de organizarlo. Es suficiente unir los puntos, como si el mero hecho de trazar una línea le otorgase sentido. Nos basta esa raya para marcar la diferencia.

El indígena

por Edweine Loureiro, 26 de diciembre de 2014, Concurso "Minicuentos de la Raya" - Primera edición

Después de años viviendo con los hombres blancos, él decidió que, a partir de aquella fecha, caminaría sin ropa por las calles de la ciudad. En el primer intento, fue trasladado a un sanatorio. Durante los dos meses después de haber sido admitido, las constantes descargas eléctricas y el exceso de medicamentos fueron minando su salud; y, gradualmente, dejó de comer, moverse y hablar. Como su estado era cada vez más grave, los familiares le llevaron para que pudiese morir en casa. En la hora final, sin embargo, recuperó la capacidad de hablar, y, cuando el médico se acercó, tuvo tiempo de susurrarle las siguientes palabras: ? Desnudame.

Rayuela

por Morrigan , 25 de diciembre de 2014, Concurso "Minicuentos de la Raya" - Primera edición

Desde que había empezado en aquella escuela cada vez que salía al recreo desaparecía del mundo. Como si no fuera ya bastante complicado ir al colegio por primera vez, en una ciudad desconocida, con una nueva familia... No podía evitar acudir a clase con cierta reticencia sin saber lo que la jornada le depararía, si las otras niñas la dejarían estar con ellas; para las demás todo eran risas y juegos, y desde su aislamiento involuntario atisbaba que lo único que las diferenciaba era el color de su piel. De repente, cuando ya había perdido toda esperanza, alguien pareció entender que es más lo que une que lo que separa a los espíritus jóvenes. Le tendió la mano, con una enorme sonrisa asomando tras sus trenzas cobrizas. Y las líneas que demarcaban aquel juego infantil que llamaban RAYUELA fueron precisamente las que al difuminarse permitieron acercar las distancias.

¿CORAZÓN DE PAN, CORAZÓN DE PIEDRA?

por Braganza, 18 de diciembre de 2014, Concurso "Minicuentos de la Raya" - Primera edición

Extendida la mano, los dedos abiertos en espera. Expectante la piel y la mirada. Todo el tiempo del mundo para ver pasar la vida,de otros y la suya. La soledad profunda lo cubre como un traje ceñido. Solo por un momento los sueños juegan a aparecer.Sueños pequeños, sin alas, pero suficientes para cambiar la rutina del día.Sueños que no duran mucho, que mueren en la intolerancia y la ausencia de solidaridad del que huye a su presencia–aceleran el paso,taponean oídos,esquivan la vista y ni siquiera regalan la sonrisa o la palabra-; sueños moribundos de afecto,de hambre,de calle,de… Sólo cuando una moneda nace como un sol en la palma de su mano, vuelve a creer. Hoy sí habrá pan.

Pentagramas sin fronteras

por peterpandemolde, 13 de diciembre de 2014, Concurso "Minicuentos de la Raya" - Primera edición

Vengo de un planeta donde la música fue prohibida, donde rapsodias, conciertos, sonatas y demás formas musicales quedaron destruidas. El gobierno consideró que era inadmisible permitir que fluyeran negras y blancas, cooperando en pro de una armonía, entre cinco líneas paralelas. Alegaban que era una incitación a la integración y a la igualdad. Pianistas, violinistas e intérpretes en general, fueron obligados a entregar sus instrumentos por considerarlos fanáticos de las partituras y por ende de las melodías. Respecto a los compositores, debido a su fehaciente creatividad, decidieron encarcelarlos en prisiones de máxima seguridad, con un matiz: los cantautores, revolucionarios que denunciaban injusticias, quienes fueron obligados a seguir un tratamiento castrador de utopías. Las autoridades no querían permitir nada que incitara a la libertad y yo no podía soportarlo. Así que cogí mi atril y emprendí la huida hacia el mundo en el que un tal Beethoven compuso su Novena Sinfonía.

Un asunto ruinoso

por Juana Igarreta, 07 de diciembre de 2014, Concurso "Minicuentos de la Raya" - Primera edición

Cuando éramos pequeños el abuelo nos leía cuentos. Ahora, que hemos crecido, nos lee sus propios relatos. Últimamente le ha dado por el género de terror y la abuela le dice que se está pasando de la raya, que esa afición suya resulta ruinosa. Describe con tanta pasión las escenas que hasta los bolígrafos se contagian de miedo. Los dos últimos los ha tenido que tirar; al primero, en plena persecución de un hombre con cuchillo a una joven, se le heló la tinta; continuó relatando la escena con un bolígrafo nuevo, pero en cuanto el cuchillo rozó a la chica, la tinta se volvió rojiza y viscosa, formando coágulos que impedían la escritura.

Pitagorina

por Juana Igarreta, 07 de diciembre de 2014, Concurso "Minicuentos de la Raya" - Primera edición

Todo empezó cuando ellos en clase de geometría comenzaron a llamarle “Hipotenusa”. Lo que en un principio parecía una broma inofensiva, acabó siendo una verdadera pesadilla. Ella no tuvo más remedio que pensar en un nuevo teorema para acabar con aquel triángulo en el que se sentía tan encorsetada. Solo tenía que conseguir librarse de ese par de catetos que siempre le asaltaban por las esquinas. Así que, abandonando la recta postura que le caracterizaba, dejó durante un tiempo de guardar la línea. Y cuando una leve curva empezó a insinuarse en su figura, ellos, mostrando su lado más obtuso, desaparecieron.

¿sueño o realidad?

por Torné, 04 de diciembre de 2014, Concurso "Minicuentos de la Raya" - Primera edición

Pedro dio una vuelta en el lecho intentando dormirse, afloraban muchas ideas a su mente. Se vio en su lugar de trabajo, en su banco, intentando convencer a un cliente que realizara un plazo fijo, ofreciéndole también una espléndida cubertería de color de plata, cuyo brillo se asemejaba al de las estrellas. Sonriéndose, musitó: “Qué pequeños somos en comparación con el Cosmos". Consiguió luego verse en una estrella, rodeado de su luz envolvente y con esa imagen, la suya propia circundada en tan cálida atmósfera, logró dormirse. Era ya el amanecer cuando tuvo un sueño lúcido: ¿sueño o realidad? Lo cierto es que se sintió proyectado fuera de su cuerpo, viéndose tendido en la cama pero a la vez alejándose de su cuerpo físico aunque unido a él por una especie de cordón plateado. Poseía una extraordinaria gracilidad flotando en el espacio. Sentía una voz interior: ¡No tengas miedo!

"Tuve vergüenza"

por silvita, 01 de diciembre de 2014, Concurso "Minicuentos de la Raya" - Primera edición

Su mamá le había estado hablando de ello durante toda la semana:“Vas a aprender un montón de cosas en clase de música, además, van muchos niños de tu edad, te va a encantar”. El pequeño parecía entusiasmado con la idea pero, en cuanto se abrieron las puertas del aula, se asió a las piernas de su madre y a pesar de los ánimos, exhortaciones y amenazas de ésta no se soltó. Cuando llegaron a casa le dijo: “Ve a tu habitación, siéntate en tu sillita y piensa por qué no has querido ir a clase de música. Cinco minutos después de haberse sentado en su cuarto con el ceño fruncido el niño vuelve y le dice: “No quise ir porque tuve vergüenza”. Ella lo abraza y le dice: “No pasa nada; todos tenemos vergüenza alguna vez pero no podemos dejar de hacer lo que queremos por eso”.

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