Concurso Microrrelatos - Cuarta Edición

"El sentido del olfato"

Olor a barbacoa

por Prost, 31 de diciembre de 2013, Concurso Microrrelatos - Cuarta Edición

Hacía días que no veía a los McCain, pero sabía que estaban en casa: un espléndido aroma a barbacoa salía por su chimenea. “Y yo cenando ensalada…”, suspiraba. “¡No puedo más! Iré a visitarlos”. Abrió Mr. McCain. Sostenía una enorme sartén abollada. “Hola, vecino, ¿cómo usted por aquí?”. “Hace tiempo su señora me invitó a cenar…”, respondí avergonzado. “¡Claro, pase! Estoy cenando solo. Mi mujer está indispuesta. ¿Le hago chuletas? Sírvase mientras una cerveza”. Mientras abría el frigorífico pregunté: “por cierto, ¿qué carne está cocinando? No la reconozco por el olor”. Miré al interior de la nevera y comprendí. Desde detrás de una pierna, Helen McCain me miraba fijamente, con el cráneo partido en dos. En ese momento comprobé la dureza de la sartén XXL en mi crisma. Mientras se me escapaba la vida, me pareció que Mrs. McCain sonreía y me susurraba: “olfateaste la carnaza pero no la trampa…”

DEL OLOR A GUERRA

por C.A., 31 de diciembre de 2013, Concurso Microrrelatos - Cuarta Edición

Era el tercer año de sequía y el segundo de guerra. No había ya esperanza, el bando enemigo los triplicaba en arsenal y militantes. Manuel apretujaba en su bolsillo la fotografía de Elsa; la llevaba consigo desde el inicio de la guerra, y a pesar de que los colores estaban ya desteñidos por el tiempo, lograba ver su silueta lívida vestida con flores y azul celeste, en el fondo reposaba el Puerto de Bolívar; y era tan nítido y vívido el recuerdo que su ropa empezó a olerle a mar. Cerró los ojos, como si fuese posible tirarse al profundo abismo que se le dibujaba en los párpados, o si aquel perderse por segundos en la nada, hiciese que sus manos sostuvieran otras manos y no una AK-47. Esa noche murieron 53 hombres y el olor a tierra mojada se hizo insoportable.

Mañana todo esto, quedará en cenizas

por ABletskan, 31 de diciembre de 2013, Concurso Microrrelatos - Cuarta Edición

El típico olor que uno tan sólo podía encontrarse en fiestas, arrastrado por ellos desde la calle flotaba en la pequeña habitación como un fantasma, mezclándose con el ligero aroma que desprendían las velas perfumadas y con un toque vino de la botella que acababan de vaciar. Al acercarse a ella, percibió un tenue olor a perfume de vainilla barato y a maquillaje. Todo había ido casi según la costumbre. Fiesta. Flirteo. Casa. Velas. Cama. Cigarrillo. Ahora que perezosas nubes de humo ascendían desde su boca hasta el techo, se volvía a dar cuenta de algo más presente en el cuarto. Algo apenas perceptible, pero que le resultaba increíblemente molesto, algo que siempre había estado allí. La impresión de que todo eso era demasiado artificial. O quizá sólo era culpa de su imaginación, o de las velas perfumadas, o del vino.O quizá del perfume de vainilla y el maquillaje.

Olor a ti

por Pablo, 31 de diciembre de 2013, Concurso Microrrelatos - Cuarta Edición

Despertar con las primeras luces del día y aspirar el olor a tierra mojada. Ese aroma limpio y purificador era, sin duda, su preferido. Era, en su opinión, la mejor fragancia de la naturaleza. Sin olvidar, por supuesto, el olor del mar. El vaivén de la marea arrastrando el salitre, que inundaba sus fosas nasales... Sin embargo, no todos los olores resultaban gratificantes. Había algunos amargos y crueles como, por ejemplo, el miedo. La soledad. En su caso, incluso, la ausencia. Y es que, por más que frotara, no lograría borrar jamás el recuerdo de aquel olor. El olor de un amor perdido. Era lo que tenía ser un gato romántico cegado por el sentimiento de la pasión. Ni siquiera en siete vidas podría olvidar aquella historia, aquella figura irreemplazable. Todo eso quedaría gravado en sus recuerdos.

¿A qué huele la verdad?

por Luz Casanova, 31 de diciembre de 2013, Concurso Microrrelatos - Cuarta Edición

Su madre sostenía un jarrón con flores. «Maravilloso el olor a lavanda, ¿verdad?», le preguntó. «Maravilloso», contestó Alicia. «Sobre todo si oliese a lavanda y no a limones», añadió para sí misma. Hacía un año que no reconocía los olores. El café le olía a chocolate, el pan recién hecho a cerezas, e incluso el mar a canela. Alicia no se lo había contado a nadie. Sin embargo, sabía que, debido a su oficio, no iba a poder seguir ocultándolo. Dos años antes, había decidido continuar con la tradición de hacerse cargo de la empresa familiar: una fábrica de perfumes. Ella no quería, pero no había tenido el valor de decírselo a su padre. Sorprendentemente, su cuerpo se rebelaba ante aquella decisión. De repente, Alicia olió su mano y reconoció el olor a pintura; su verdadera pasión. Y, por primera vez en mucho tiempo, se sintió feliz.

No tocar las narices

por mikeandino, 31 de diciembre de 2013, Concurso Microrrelatos - Cuarta Edición

¡María, no me toques las narices! Te lo he dicho mil veces. Tócame los labios, los ojos, las rodillas, los enojos, tócame las axilas, las mejillas, los congojos. Tócame los brazos y las piernas, las nalgas, la riñonera, si quieres las orejas, o si quieres las lentejas que dejaste en remojo, pero ni se te ocurra volverme a tocar las narices. Con lo que me gusta olerte, inhalarte, husmearte... Es mi razón de vivir. Como un perro perdiguero que se ha deshecho de su dueño. Así que tócame lo que te salga de las narices. Todo menos las narices. ¡Por una vez déjame hacer algo que me guste puñeta!

El aroma de llegar

por Víctor Daniel López, 31 de diciembre de 2013, Concurso Microrrelatos - Cuarta Edición

Cuando salió de aquel largo y oscuro túnel, andante como caballero, fue entonces y sólo entonces que pudo darse cuenta de a dónde había llegado. Un nuevo lugar con tantos colores como nunca le fue posible imaginar. Sonidos que a sus oídos eran como notas de océano, ritmo de olas trayendo vida y movimiento. Una pintura infinita que jamás había contemplado y donde no sólo podía se espectador, sino también participar en ella haciéndole cobrar energía. Y los aromas que allí había dieron a su cuerpo infinidad de sensaciones placenteras. El olor de la vida. La esencia del alma. El aroma del que uno se impregna al nacer.

BATAS BLANCAS

por Luna Llena, 31 de diciembre de 2013, Concurso Microrrelatos - Cuarta Edición

Esa mañana siguió escrupulosamente la rutina de todos los días, se duchó, desayunó y se vistió con un traje cualquiera, pero sólo cuando quiso anudar su corbata, sus manos comenzaron a temblar, el miedo y la ansiedad se iban apoderando estrepitosamente de su voluntad, el ritmo cardíaco se le aceleraba sin tregua, sudoración, mareos, todos estos aterradores síntomas conseguían derrotar sus cuatro sentidos. Aún así, se armó de valor y emprendió el camino, pocos metros le separaban del destino cuando las piernas comenzaron a flaquearle, sintió náuseas ante la proximidad, el olor penetrante a gasas, desinfectantes y batas blancas comenzó a sentirlo, presintió un ataque de pánico. Ya dentro del hospital la sorpresa fue mayúscula cuando un olor a talco recompuso sus signos vitales, era un olor suave con un aroma empolvado que le acercaban a su infancia, al mismo tiempo que recuperaba el resto de sus sentidos.

Aromas de Primavera

por Esperanza, 31 de diciembre de 2013, Concurso Microrrelatos - Cuarta Edición

Mientras caminaba sin rumbo por las calles perfumadas de rosas, el aroma insinuante del café me acercó a un bar cercano a la plaza de los Milagros. Me detuve y cerré los ojos, oliendo la paz que me transmitía. Dejé que mi imaginación viajara a kilómetros de distancia, recordando las tardes francesas con aroma a chocolate y café bien cargado. Recordé el acerbo aroma de los caramelos de limón que comía junto a mi abuela, aquellos caramelos que junto al café y el chocolate hacían del día a día en París una aromática delicia primaveral. Dejándome llevar por estos bellos recuerdos, comencé a abrir los ojos lentamente y seguí mi camino. Ya lo recordaba, iba directo al cielo.

Discoteca “Celeste”.

por Klaus, 31 de diciembre de 2013, Concurso Microrrelatos - Cuarta Edición

El inconsciente se crea a las 8.00 de la madrugada. Del carmín de tus besos no diré nada. Me sonrojo a las 8 viéndome cometer tantos suicidios estúpidos pero no gloriosos. Ya soy un fantasma cuando el billete deja de perseguir el ritmo de la sangre tendida en la nieve. Te cojo la mano pero es una broma, pues me quedo con ella pero sin ti, como en el matrimonio. Y la risa me acompaña a la salida hasta más allá del recodo, donde la poesía ya no llega. La risa se pierde en el último suspiro, a dónde va el último gran énfasis en los sentidos, no me importa que nada sea verdad, que nada sea verdad tampoco entonces. De no aceptar equipaje tampoco yo entro. Sólo tu beso me llevo en el lento destierro de la pituitaria, persiguiendo eternamente tu aroma.

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